Mostrando las entradas con la etiqueta integración regional. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta integración regional. Mostrar todas las entradas

9 de mayo de 2016

Integración territorial (II)

Por: Nelson Enrique Restrepo Ramírez


En el primer número del periódico Integración, presenté algunos elementos generales sobre la integración territorial; en la presente edición comparto con los lectores del Suroeste el debate que ha abierto la propuesta de crear una área metropolitana en el oriente antioqueño.  

El gobernador de Antioquia, por solicitud de algunos alcaldes del oriente cercano a Medellín (Rionegro, El Retiro, La Ceja, Guarne) y la Cámara de Comercio del Oriente Antioqueño, ha decido liderar la propuesta de crear una área metropolitana para el oriente antioqueño. 

Esta aspiración viene desde mediados de la década de 2000, cuando “La Tertulia de la Glorieta” próxima al aeropuerto de Rionegro (donde participaron líderes regionales del actual Centro Democrático incluyendo su líder), se propuso reformar la ley de áreas metropolitanas (Ley 128 de 1994) para eliminar el requisito de conurbación en la definición de los hechos metropolitanos; este propósito se consiguió con la Ley 1625 de 2013 de áreas metropolitanas, la cual dijo que son las interacciones económicas, sociales, institucionales, tecnológicas, ambientales las que definen tales hechos. 

En la medida que el oriente antioqueño ha sido una de las subregiones de Antioquia con mayor tradición en propuestas de autonomía, organización y ordenación territorial para la totalidad de los 23 municipios y donde se ha destacado la propuesta de provincia administrativa y de planificación reconocida por la Constitución y la Ley 1454 de 2011 orgánica de ordenamiento territorial, la propuesta metropolitana abrió el debate sobre la necesidad de profundizar la integración territorial, la construcción social del territorio, la cohesión territorial, la superación de desequilibrios e inequidades territoriales, aumentar la competitividad territorial, a través de una institucionalidad pública supramunicipal. 

Es un debate porque consideramos quienes impulsamos la provincia, que la figura metropolitana es pertinente para atender las necesidades del sistema de pequeñas ciudades del oriente cercano en temas de ordenación territorial, conectividad vial, servicios públicos, pero no se adecúa a las realidades y aspiraciones de los demás municipios del oriente lejano esencialmente rurales, inmensamente biodiversos, sobre los cuales es forzado establecer un hecho metropolitano que no existe ni es adecuado promover.   

Como el oriente antioqueño ha estado cohesionado en las últimas décadas, organizado en el nivel subregional, provincial, demandando compensaciones por el uso de sus recursos naturales en la generación de energía (en el oriente se genera 35% de la energía que consume Colombia), cohesionado a través de su Laboratorio de Paz ante la crisis humanitaria que le impusieron los actores armados, organizado a escala subregional a través de las organizaciones sociales y públicas (Asociación de mujeres, de víctimas, de concejales, de personeros municipales, Asamblea Provincial Constituyente, Proceso Estratégico Regional, entre otros) para construir gobernanza territorial de escala subregional, es lógica la preocupación por que una figura urbana, divida el oriente o se imponga sobre él desde la centralidad metropolitana. Como atentar contra esta construcción social, histórica y política es grave, se propone un área metropolitana para los 23 municipios como una estrategia política para evitar distractores, estrategia que muy seguramente no funcione cuando se consideren los criterios técnicos y territoriales.

Llama la atención que la figura de área metropolitana para municipios rurales, dicha por el gobernador, se base en la necesidad de adecuarse a las nuevas realidades que plantean los megaproyectos de las autopistas 4G, el aprovechamiento de las riquezas de los territorios para integrarse a los mercados globales, y no se base en la superación de las inequidades territoriales o la construcción de la paz territorial. Esto confirma la regla de juego de la dirigencia antioqueña que siempre ha puesto por encima de la responsabilidad con los desprotegidos y marginados, la racionalidad económica hoy llamada competitividad territorial.  

Con el predominio de criterios de competitividad y considerando que el suroeste será la subregión de Antioquia más impactada por las autopistas 4G, no sería de extrañar que en el corto plazo también se proponga una figura metropolitana para esta subregión. Siguiendo estos criterios, como lo dijo el director de Conciudadanía en la columna de Inforiente del 01 de mayo de 2016, podrían entonces cambiarse las subregiones por áreas metropolitanas. Y la verdad es que ante la increíble debilidad de los gobiernos locales para ejercer su autonomía territorial, la falta de comprensión de estos temas por parte de los políticos locales y la ciudadanía, y la contundencia del poder del centro urbano, ello podría suceder. Están jugando a los dados con las “cartas territoriales”. 



14 de febrero de 2016

INTEGRACIÓN Nro. 1




Suroeste Antioqueño, febrero 15 de 2016




                                                                   Editorial

           Integración

Un grupo de ciudadanos residentes en el Suroeste Antioqueño, conscientes de las transformaciones que traerán proyectos nacionales en la región, nos hemos propuesto abrir este espacio periodístico mensual de análisis y debate, que contribuya a entender las dinámicas que ya inciden en la cotidianidad de cada municipio, y que son la base sobre la cual se enrutará el Suroeste.

No sólo son los mega proyectos, como la construcción de las autopistas que nos conectarán en tiempos reducidos con Medellín y otras capitales departamentales, o el nuevo represamiento del río Cauca que pretende construir la ahora extranjera ISAGEN, desde el municipio de Anzá hasta cercanías de La Pintada, con el consiguiente desplazamiento poblacional en Bolombolo, Peñalisa, Puente Iglesias, entre otros, o la presencia de empresas multinacionales mineras en todo el territorio donde se aprestan a la explotación de cobre, oro, y otros minerales, como sucede en Jericó, Támesis y Caramanta, o las extensas plantaciones de pinos y eucaliptos, la proliferación de invernaderos, las centrales hidroeléctricas y demás producciones que afectan profunda e irreversiblemente los suelos, el agua, el aire y la vida social.

El proceso de negociación entre el Gobierno nacional y el movimiento guerrillero que se adelanta en La Habana con las FARC y pronto con el ELN en otro lugar aún no determinado, nos pone, como a toda la nación, ante la disyuntiva de terminar  o continuar la guerra entre colombianos, cuyas víctimas son casi exclusivamente campesinos obligados por la imposición de las armas, de las leyes o de la pobreza, a engrosar las fuerzas militares legales o ilegales. Sea el establecimiento de acuerdos para terminar el enfrentamiento armado, o sea la persistencia de la guerra, estamos llamados a discutir con argumentos, con la debida información y con la necesaria generosidad para que Colombia y el Suroeste opten por el camino de la dignidad humana, de la equidad, de justicia, de respeto a la opinión ajena, de protección de la vida, de la naturaleza, del sueño humano de paz, armonía, felicidad.

Son estos algunos de los factores que marcarán la marcha de futuro inmediato de la región y de toda Colombia. Municipios como los nuestros, pequeños, casi aislados entre sí, dependientes de Bogotá y del centro metropolitano antioqueño que controlan las inversiones y ofrecen los servicios a los ciudadanos, dependientes también de la agricultura y producciones artesanales que no son prioridad económica ni social del Gobierno nacional, son débiles para resistir a las afectaciones que causará en el territorio el avance de las decisiones tomadas desde los centros gubernativos y económicos orientados por el poder del capital internacional.

La alternativa es, por tanto, la integración regional. Las características y necesidades comunes deben ser el acicate para mirarnos y unirnos como un cuerpo territorial cuyas gentes y líderes buscan conservar el patrimonio natural y cultural, la vida pueblerina, campesina, indígena, la paz y el bienestar para todos.




Integración Territorial


Colombia, uno de los países más desiguales del planeta, el único del hemisferio que aún mantiene un conflicto armado, se enfrenta al reto de integrar su territorio y la familia nacional. La construcción de la paz sostenible y duradera, la paz territorial, depende en buena medida de la capacidad que tengamos de integrar a los territorios rurales, lejanos, económicamente pobres y ambientalmente ricos, a las dinámicas de más o menos bienestar que se han consolidado en los centros urbanos – metropolitanos.

En el nivel metropolitano, enfrentamos el reto de integrar los territorios de las periferias urbanas, repletos de desplazados y víctimas provenientes de los territorios rurales afectados por el conflicto armado; integrar barrios y comunas pobres al bienestar que viven los habitantes educados, propietarios, con empleos formales de los demás barrios y comunas.

Para superar estas desigualdades, necesitamos integrar los territorios rurales, pobres y afectados por el conflicto armado, con los territorios hoy llamados competitivos por su dotación de infraestructuras colectivas; por la concentración de las actividades económicas; por la concentración de la población con la mayor calidad de vida, o lo que es igual concentración del capital humano; y la concentración y centralización de las instituciones y el presupuesto del Estado. Lazos largos se requieren para integrar unos con otros y superar sus desigualdades. 

Está demostrado hasta la saciedad que los municipios pequeños en población, pobres en términos de índices de calidad de vida, dependientes de los recursos de la nación, afectados por el conflicto armado, rurales dispersos con amplia riqueza natural, no están en capacidad de construir bienestar por sí solos, y por ello requieren de la solidaridad nacional en cabeza de las instituciones del Estado y de las contribuciones de los colombianos. Integrarlos requiere una de las siguientes estrategias: que los urbanos asumamos los costos económicos y políticos que implica esta integración, colaborando en los proyectos que los locales desde su autonomía decidan emprender; que los municipios pobres sean asociados con municipios y ciudades con mejores condiciones en esquemas de asociación donde se generen ayudas mutuas y se compensen servicios, cargas y beneficios; darles total autonomía territorial para que aprovechen su riqueza natural a favor de resolver sus necesidades y sus aspiraciones. 

Para construir la paz territorial enfrentamos el reto de integrar los desiguales; si la paz territorial no asume la superación de la inequidad territorial como su principal reto, no acertará. Reto realmente difícil para el gobierno y los sectores de la sociedad que estamos de acuerdo con la paz territorial. Si a alguna gente le va a costar el SÍ en el tarjetón de la paz con las Farc, mucho más le va a molestar los costos de la paz territorial, los impuestos al patrimonio, la renta y el consumo, que serán necesarios para costear el postconflicto. Ofenderá a los grandes propietarios la superación de las desigualdades y mandarán a amenazar los que se creen dueños de las tierras despojadas y los recursos minerales. En cualquier caso, la mayoría de los colombianos que enfrentamos con responsabilidad el reto de construir la paz por medio de una sociedad igualitaria e integrada, deberemos dar este debate realista.

Nelson Enrique Restrepo Ramírez 

El enroque de Anglogold Ashanti


“El proyecto Quebradona es uno de los proyectos mineros más importantes del país, toda vez que los recursos minerales ascienden a 604.5 millones de toneladas con los siguientes contenidos metálicos:

• 3.95 millones de toneladas de cobre
• 6.13 millones de onzas de oro
• 85.19 millones de onzas de plata
• 70 mil toneladas de molibdeno”


“Toda la producción de cobre, oro y plata será exportada”.




Así se expresaba la señora Erika María Murcia Celedón, apoderada general de Minera Quebradona Anglogold Ashanti el 29 de mayo de 2015, en comunicación dirigida a la Secretaría de Minas de la Gobernación de Antioquia, para justificar la necesidad que tiene la multinacional de unificar los cinco títulos mineros que cubren 7.600 hectáreas de Támesis y Jericó. Aproximadamente la tercera parte (2.571 hectáreas) del área total integrada se encuentra dentro de la Reserva Forestal DMI - CUCHILLA JARDÍN TÁMESIS.

Los 604 millones de toneladas de rocas serían procesados en una planta industrial que sería construida entre 5 y 6 años por 10 mil trabajadores, en producción habría 3.000 trabajadores directos y 5.000 indirectos.

La empresa minera de origen sudafricano, tercera productora mundial de oro y la mayor poseedora de títulos mineros en Colombia, ha anunciado un receso operativo a partir de finales de diciembre 2015, lo que ha significado la terminación de los contratos con cerca de 100 campesinos jericoanos que venían trabajando en labores de exploración en las montañas del corregimiento Palocabildo, zona de nacimiento de numerosas fuentes de agua aprovechadas en agricultura y abastecimiento de acueductos veredales de Jericó y Támesis que se verían afectados por el consumo de millones de metros cúbicos de agua que terminarían contaminados en represas, resultado de la eventual explotación minera.

La suspensión de actividades de la minera es parcial ya que están adelantando los estudios conceptuales para la explotación que presentarán a otras compañías mineras para vender el proyecto o asociarse en el momento de subida de los precios del cobre y el oro en el mercado internacional, y siguen realizando la labor de rompimiento del tejido social jericoano mediante su campaña, casa por casa y a través de la radio local y publicaciones, de desinformación, falsas promesas y regalos a las familias y las comunidades.

El alcalde de Jericó ha manifestado en reiteradas ocasiones que no tendrá convenios ínter institucionales con la minera y grupos ciudadanos continúan resistiendo a la destrucción.